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¿EN DÓNDE ESTÁN LOS HIJOS?

Secretario Ejecutivo
Dimensión Episcopal del Clero

“Después que los ángeles volvieron al cielo, los pastores se decían unos a otros: «Vayamos a Belén, y veamos lo que ha sucedido y que el Señor nos ha anunciado». Fueron rápidamente y encontraron a María, a José, y al recién nacido acostado en el pesebre”.  Lc. 2, 15-16

Al abrir las páginas de los Evangelios de san Mateo y de san Lucas, nos damos cuenta que una de las características de la Sagrada Familia es que permanecen siempre juntos, no pueden estar el uno sin el otro, y cuando algo extraño sucede, inmediatamente lo solucionan (cf Lc. 2, 44-52).

En momentos tan especiales como la llegada de los pastores y de los Magos a Belén, los textos sagrados nos mencionan la presencia de José, María y el Niño, es decir, la Sagrada Familia siempre unida.

Algo que nos enseñan Jesús, José y María es a ESTAR. La presencia es fundamental para llevar a cabo la misión que Dios le encomienda a cada familia. El Papa Francisco, en la Exhortación Amoris Laetitia, a partir del número 259, nos menciona lo fundamental que es la presencia de los padres en el crecimiento y la formación de los hijos.

En el mundo de hoy, los padres de familia se vuelven menos tolerantes ante la actividad e hiperactividad de los hijos. Lamentablemente, toman el camino fácil de ofrecerles cosas para tenerlos contentos y tranquilos; se les compran videojuegos, “los mandan” a practicar toda clase de deportes so pretexto de conocer nuevos amigos(as), para que sean más sanos, etc. Sin embargo, los motivos reales son otros: no se les tiene paciencia, son incómodos y molestos o no se sabe qué hacer con ellos en todo el tiempo vacacional. Poco a poco, esto, junto con muchas otras cosas más, lo que provoca en la familia es la distancia.

Con el tiempo, cuando los padres buscan acercarse a sus hijos, experimentan rechazo y un total desinterés por convivir. Los papás sienten que ya es tarde y pareciera que los hijos son como extraños e irreconocibles. El daño ya está hecho. No se puede cosechar lo que no se sembró. Para muchos de los hijos, hoy en día, es más fuerte la relación de amistad que la filial. Se es más fiel al amigo que a los papás, se le confían más cosas a los compañeros que a aquellos que les dieron la vida y prefieren enfrentar los problemas solos que con la guía y acompañamiento de sus seres queridos.

Es por esto que el Papa Francisco insiste en la PRESENCIA, y como lo enseña la Sagrada Familia, en el ESTAR, que hoy pudiéramos traducirlo en “un mayor compromiso” por fortalecer las relaciones entre todos los miembros de la familia. Es necesario salir del egoísmo en el que se vive y mirar más hacia el servicio, el sacrificio y la generosidad.

Ser padres no es fácil, y nadie dijo que lo fuera, pero es posible lograr grandes cosas a través de la fuerza del amor, crear lazos cada vez más estrechos entre todos. Ciertamente que no es sencillo para los padres de familia encontrar una escuela que les enseñe a ser padres de verdad, cumpliendo con todas las obligaciones que conlleva la paternidad responsable. Sin embargo, es posible si se pone mayor esfuerzo. Propongo siete cosas que pueden ayudar a los padres en la educación de sus hijos:

1) Hay que ponerles límites y señalarles el rol que tiene cada quien en el hogar, empezando por el lugar y la autoridad de los padres, hasta llegar a los derechos y deberes de cada hijo. Deben saber qué le compete a cada quien.

2) Hay que predicar con el ejemplo. No se vale decir una cosa y hacer otra, esto los confunde.

3 ) Hay que educar en los valores, tanto en los humanos como en los cristianos. Se viven menos porque se enseñan menos.

4 ) Hay que acompañarles en los momentos que para ellos son importantes de la vida: desde un partido de fútbol, una presentación de danza, hasta una graduación.

5 ) Hay que marcarles claramente el sentido de la responsabilidad. Aunque se trate de cosas pequeñas, pero deben ser responder a cada encomienda que se les hace.

6 ) Hay que ayudarles a crecer en el camino del amor. La rebeldía se da especialmente cuando en el hogar el amor es algo extraño.

7 ) Hay que enseñarles siempre que Dios es lo más importante y junto con esto, crearles hábitos de espiritualidad. No hacerlos rezanderos, sino cultivarles una vida interior donde vayan conociendo mejor al Señor Jesús, su Palabra de vida y la gran aventura de seguirle, haciendo siempre y en todo la voluntad de Dios, como lo hizo Él, nuestro Maestro y Pastor.

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